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Siéntanse absolutamente libres de visitar CAFEDITOLANDIA cuando les plazca. Mis duendes bloggeros y yo siempre estamos tratando de lograr el mejor ambiente para nuestras visitas. Cualquier reclamo, duda o sugerencia, dirigirse a las direcciones de la Vocería. Eso sería, ¿no?
"Inferno" de Dan Brown

miércoles

Sobre el cariño

Cariño. Concepto vilipendiado, completamente ignorado, absolutamente necesario y muchas veces ausente. 
En el ejercicio de buscar la definición en el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), la primera acepción de este concepto es "Inclinación de amor o buen afecto que se siente hacia alguien o algo". Por lo tanto, uno pudiera asumir que lo que uno siente por una persona importante en la vida, las mascotas que nos han acompañado, e incluso eso que sentimos tan enfermizamente por nuestros smartphones puede definirse como cariño. Entonces, ¿cómo lo diferenciamos? Esta inclinación de amor debiera ser simple de diferenciar si entre mis opciones coloco a mi hermano, mi perro y mi iPhone... el problema es que con sólo uno de ellos comparto la mayor parte del tiempo y hasta literalmente podría decirse que me acompaña 24/7.
La segunda acepción de cariño es la "manifestación de dicho sentimiento" (y se menciona que es más utilizada en este contexto en plural), como cuando lo usamos para despedirnos cariñosamente de alguien en un mensaje: "Cariños desde Chile". Lo manifestamos en este caso por escrito, pero ¿lo sentimos? Es sólo ampliamente aceptado quizás. Se ve bonito. Se siente bien.
La tercera acepción es "añoranza, nostalgia". Como cuando recordamos a alguien o algo "con cariño". Porque se supone que con esta acepción ya nos hemos sentido inclinados amorosa o afectivamente hacia alguien o algo. Yo siempre he querido poder recordar el momento de mi nacimiento, por ejemplo. Mi madre me ha mencionado que fue inolvidable y que lo recuerda con mucho cariño. Cuando le pregunté si sentía lo mismo al recordar el momento de mi concepción, sólo rió... con cariño.
La cuarta acepción quizás está precisamente asociada a lo que acabo de mencionar. Hace mención al "esmero, afición con que se hace una labor o se trata una cosa". Esmero. Afición. Tal como quiero pensar que fui concebido. Tal como quiero pensar que hago las cosas que hago. Tal como quiero que sientan los otros de mí por esas cosas que hago. Por las cosas que digo. Por las que dedico mi tiempo y energía. Porque las he hecho con cariño.
Por último, la quinta acepción es "regalo, obsequio". Como cuando uno le hace un cariño a alguien, o sea, cuando le regala u obsequia algo a alguien. Sin embargo, eso no quiere decir que dicho gesto se haya hecho cariñosamente. Muchos presentes cumplen más con el objetivo de cumplir con llegar con algo material para poder celebrar algún acontecimiento relevante en la vida de alguien, que con la inclinación de amor que define al concepto.
En definitiva, y más allá de estas cinco acepciones que nos ofrece el diccionario, moriré creyendo que el cariño no puede ser tan sencillamente definido o comprendido. Cada cual inclinará sus más profundos afectos, amores, nostalgias y añoranzas en los aspectos más relevantes de su vida. Por mi parte he elegido escribir sobre el cariño a propósito de lo complejo que puede llegar a ser que este sentimiento sea simplemente recíproco o correspondido. Porque entonces si el cariño es la inclinación de amor o buen afecto que se siente hacia alguien (o algo), ¿qué uso tiene si ese alguien no es capaz de inclinar su amor o afecto al mismo nivel de vuelta? En el intertanto que encuentro la respuesta, seguiré haciendo las cosas que hago con cariño, miraré a los ojos con cariño, hablaré con cariño y trataré de vivir mi vida con cariño, para que más temprano que tarde me traten de la misma forma.
Con cariño,
CaFeDiTo

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viernes

Descanso

Al despertar sintió que tanto su cuerpo como su mente no querían hacer otra cosa más que seguir descansando. Hace días, probablemente semanas ya, que cada nuevo día le costaba más y más retomar el "normal" desarrollo de sus actividades. Durante un par de minutos, que para él sólo fueron segundos, batalló con mucha fuerza para convencerse de que sus obligaciones comenzaban con sacar su cuerpo de la cama, llevarlo a la ducha y vestirse como de costumbre para hacer lo de costumbre. Obligaciones que cada vez se hacían, incomprensiblemente, vanales o superficiales. ¿Qué había sido de sus sueños?  Cansancio. Todo se resumía en eso. Todo era cansancio. No pudo levantarse y siguió durmiendo. Esta vez las obligaciones no bastaron. Siguió durmiendo. Desconectó la alarma y durmió sin vacilar. Cuando trataba de volver a conciliar el sueño, sintió que por primera vez, en mucho tiempo, hacía lo correcto. ¿Lo correcto? Arrepentimiento no sintió. Miedo no sintió. De culpa ni hablar. Es que no tuvo el tiempo para sentir esas cosas. Tras volver a dormirse, tras dejar atrás ese cansancio responsable de su decisión, tras extrapolar su mente a lo intangible, por primera vez en mucho tiempo, soñó. Tuvo el sueño más placentero que recordaba. Soñó. Y sólo así se dio cuenta que había podido descansar en mucho, pero mucho tiempo.

lunes

Recuerdos de una vela


Él estaba solo. La vela que iluminaba su cuarto sofocaba la oscuridad de la noche. Su cuerpo frágil deseaba desplazarse. Mente y cuerpo trataban de coordinarse, pero no podían. Ya no era posible. Sus manos temblaban intentando tocar el sillón. Cuando lo lograron, con la limitada fuerza que poseía, pudo levantar los pies del suelo.
Pasaban los segundos y con vigor recuperado, tomó el bastón y lentamente se puso de pie. Su próximo desafío ahora era el largo pasillo que lo separaba de su destino. Camina que camina hacia su cuarto, siempre calmo, sin apuro, torpe. En su mano temblorosa llevaba la vela que con débil llama encaraba la fría e impenetrable soledad de aquella casa. Sin embargo, no era suficiente. La dañada visión del viejo le impedía mirar más allá de su nariz. "Si tan sólo tuviera aquella visión que poseía cuando joven...", pensaba. Pero no. Los años han ido cayendo sobre los hombros, las experiencias, los temores.
Sus huesos, debido a la descalcificación, crujían tras cada nuevo movimiento. Al caminar quiso recordar la mayor cantidad de cosas que había vivido. Pero tanto su soledad como su tristeza no lo dejaban. Quizás el dolor lo impedía. Y no sólo el dolor físico, sino también aquél que llevamos intrínseco en nuestras almas.
El tiempo pasó. No volví a saber de aquel viejo quejumbroso de lento andar. Probablemente la tímida llama de su vela se haya cansado de batallar contra las tinieblas que rodeaban a su dueño. Ahora creo que todos sus recuerdos se representaban en aquella vela y murieron al mismo tiempo que ella. ¿Qué queda sin el recuerdo? Sólo la muerte podría responder. Antes, ahora o después.

sábado

Recopilando...



Anoche me ocurrió algo que me terminó de convencer que debía volver a escribir acá.
Este último año ha sido particularmente muy particular. Lo primero, y quizás lo más importante, es que Cupido recordó que este mero mortal necesitaba encontrar a esa persona especial a la cual demostrarle cariño y preocupación. Y colocó en mi camino a la persona más hermosa que me ha tocado conocer en mi vida y que me ha retribuido con creces ese cariño y preocupación que he podido entregarle.
Luego, terminaba Febrero y comenzaba un nuevo año laboral. Mi dilema es que hasta entonces no tenía trabajo. Los curriculums enviados no parecían hacer eco en ninguna parte. Hasta que ocurrió lo que esperaba. Fui contactado por quienes hoy son mis actuales empleadores y conseguí el trabajo que siempre quise tener y que espero mantener por un buen tiempo más.
Todo lo anterior transcurría mientras daba los últimos pincelazos a mi Tesis de Grado junto a mis tres compañeros con quienes en Junio tuvimos que defenderla para egresar y adquirir nuestro grado de Licenciados. Así, finalmente, tras varios años intentándolo, terminé mis estudios superiores y me convertí en todo un profesional.
Hoy enfrento la vida desde la perspectiva de un profesor. Tuve ocho cursos a mi cargo. Uno de ellos, mi jefatura, con quienes hace muy poco acompañé en su paseo de fin de año y con quienes espero poder seguir compartiendo y viviendo experiencias hasta que puedan terminar su enseñanza media.
Anoche me ocurrió algo que me convenció de que debía volver a escribir acá.
Antes de salir de vacaciones de invierno, justo cuando creí que descansaría todo lo que tuve que trabajar en pos de la tesis en paralelo a mis obligaciones laborales, recibo el portafolio de la Evaluación Docente. O sea, el segundo semestre debí someterme a dicha evaluación. Tras pasar todas las autoevaluaciones, entrevistas de pares, clases grabadas y el portafolio en sí, terminé junto a otros tantos profesores el asunto por ahí por la penúltima semana de Octubre.
Listo eso, y me entero que seré tío. ¿Qué más puedo decir?
Cumplí 26 años en Octubre también. Muchas cosas se le vienen a la mente cuando uno cumple años. O al menos, como a mí, cuando uno sigue cumpliendo años y aún vive con sus padres. Todo un tema. Y por más que trato de proyectar mi independencia siempre ocurre algo que lo retrasa todo.

En fin, terminaba el año y en el país los aires de elecciones presidencial y parlamentarias hacían del ambiente una época aún más estresante al sumarse las celebraciones propias de fin de año. Resultado: segunda vuelta entre la "Derecha" y la "Izquierda"... y hartas deudas por los regalos de Navidad y la fiesta de Año Nuevo.
Así recibí el 2010. Bicentenario de la Patria. Promesas de muchos eventos en pos de celebrar, como corresponde, esta fiesta... que, no está de más decirlo, ocurre sólo cada doscientos años.
Y anoche me ocurrió algo que me convenció de que debía volver a escribir en este blog. Fui víctima de un asalto. "Cogoteo" le llamamos popularmente acá en Chilito lindo. Alrededor de las 4 de la madrugada al llegar a la esquina del pasaje donde vivo, fui abordado por dos tipos. Más jóvenes que yo. Pendejos en realidad. Pendejos angustiados. Pendejos violentos. Con un palo en la mano uno y una navaja en mi cuello el otro, registraron mis bolsillos donde encontraron la billetera azul con el logo de "Bci", regalo por haberme hecho cliente del mismo banco. 40.000 pesos fue en total lo que me quitaron. La adrenalina del momento no les sirvió para encontrar mi celular o el resto de dinero que andaba trayendo en los bolsillos. Los dos minutos que debe haber durado todo se hicieron eternos. Primera vez que era asaltado. Primera vez que sentí miedo por mi vida. No todos los días le colocan a uno una navaja en el cuello. Lo único que atiné a hacer luego, inconscientemente, fue tiritar. Me tardé tanto en quitarle el seguro a la reja que permite el acceso al pasaje que ya veía que los tipos volvían por lo que no se habían llevado. Finalmente llegué a casa. Entré, encendí las luces del living, por la hora, despertó mi madre y me fue a recibir. Primera vez que llego a esa hora a la casa. Normalmente, y si sé que llegaré tarde, prefiero quedarme en el lugar donde esté. Ese día decidí volver a casa. Decidí arriesgarme. A mi madre no tuve que decirle nada. Supo de inmediato que me había pasado algo. Le conté todo. Preguntó lo de rigor: "Pero, ¿te hicieron algo?". Al responderle que no, me envolvió en el abrazo más fuerte que he recibido de ella. Me sentí seguro. Estaba en casa. Nada más importaba.
Cuando uno siente que su vida está en riesgo, parece que el tiempo se detiene, la adrenalina y los sentidos se disparan. Al menos eso me ocurrió a mí. Nunca olvidaré esos rostros. La rabia con que me amenazaban. Y lo imbécil que debía verme diciéndoles que se quedaran tranquilos. 
A menos de 50 metros de la puerta de mi casa fui asaltado por dos muchachos que se llevaron 40.000 pesos de mi billetera. Y esta, quizás común experiencia, me convenció que debía retomar la escritura en mi blog. Contar esta historia. Recopilar los mejores momentos del año que terminó y compartirlos... porque en milésimas de segundo, creí que no iba a poder vivir más historias para contar.
Saludos.

viernes

Pasándome películas


Hace tiempo que no he escrito en mi blog. Nueve meses siendo preciso. Jeje, pensar que eso tardamos en promedio en ser gestados por nuestras madres. ¿Qué se escribe en un blog luego de tanto tiempo de tenerlo abandonado además de no tener certeza alguna de que alguien lo volverá a leer? Espero tener la respuesta en las próximas líneas y poder dar a luz algo que resucite este blog.
Una de las pocas cosas que disfruto hacer al máximo en mi tiempo libre, o incluso en mis otros tiempos, es observar una película. Esas que se proyectan en salas de cine en una pantalla gigante mientras comemos pop-corn, y que luego, en la actualidad, son traspasadas a formatos digitales como el DVD o su sucesor el Blu-ray Disc. También, pero según la voluntad de algunos, podemos tener acceso a una película en su versión 'pirata' adquirida ilegalmente por descarga de internet, o comprándola antes de su salida en los formatos oficiales e, incluso, antes de ser estrenadas en los mismos cines... ¿Cómo lo harán?
En fin, sea cual sea la forma de ver una película mi preocupación es tratar de disfrutarla lo más que pueda. Un conmovedor drama, una divertida comedia, una vibrante película de acción, una entretenida animación, una sorprendente fantasía, una futurística película de ciencia ficción, una desgarradora película bélica, una fiel película histórica, un impactante thriller, una atemorizante película de terror, una original película de cine arte, un inquisitivo documental, o incluso una excitante porno, me han presentado temas y llevado a lugares que de otra forma jamás hubiera experimentado: el espacio, el mundo submarino, mundos fantásticos, adaptaciones literarias, el pasado y el futuro. Esto es lo que yo comprendo como "la magia del cine". El séptimo arte. La expresión más moderna e internacional de las artes que desde que vivíamos en cavernas hemos tratado de compartir con los que convivimos. Expresar nuestras inquietudes respecto a lo que nos rodea: nuestros gobiernos, las sociedades, la naturaleza, nuestas alegrías y nuestros temores, las injusticias y nuestras miserias, así como nuestras bondades y fortalezas de manera visual y atractiva. Una manifestación de lo que somos como especie. Las características más importantes de las distintas razas del mundo han sido llevadas a una pantalla de cine. Nuestras verdades y mentiras nunca habían sido exhibidas tan abierta y espectacularmente antes de la aparición del cine. El cine. La última frontera de nuestra imaginación.

domingo

Correr a ti



Sé que cuando me miras
hay tanto que no ves.
Pero si sólo te tomaras el tiempo
sé que encontrarías en mi corazón
a alguien que se asusta a veces
y que no siempre es fuerte
¿Puedes ver el dolor en mí?
Me siento tan solo

Quiero correr a ti
Quiero correr a ti
¿No me tendrás en tus brazos
ni me mantendrás a salvo?
Quiero correr a ti
Pero si voy a ti
Dime, ¿te quedarás o arrancarás?

Cada día, cada día juego el rol
de alguien que tiene el control
Pero en la noche vuelvo a casa y meto la llave
No hay nadie ahí, nadie cuida de mí
¿Cuál es el sentido de encontrar tus sueños
sin tener a alguien para compartirlos?
Dime, ¿qué significa?

Quiero correr a ti
Quiero correr a ti
¿No me tendrás en tus brazos
ni me mantendrás a salvo?
Quiero correr a ti
Pero si voy a ti
Dime, ¿te quedarás o arrancarás?

Te necesito aquí.
Te necesito aquí para que limpies mis lágrimas.
Para besar mis miedos.
Si sólo supieras cuánto es que...

Quiero correr a ti
Quiero correr a ti
¿No me tendrás en tus brazos
ni me mantendrás a salvo?
Quiero correr a ti
Pero si voy a ti
Dime, ¿te quedarás o arrancarás?

jueves

Monólogo entre dos


VOZ NORMAL: No. No he pensado en quitarme la vida esta vez. ¿No podemos solo tener una conversación normal? Como esas que se tienen con los grandes amigos. He tenido tan pocas de esas que por lo mismo las atesoro todas... pero cada nuevo día las olvido un poco más.

Tengo miedo, ¿sabes?

RECITANDO: Miedo a olvidar las cosas que he atesorado. Miedo a olvidar las cosas que he hecho. Miedo a perder todo aquello que amo. Miedo a pensar que ninguno de mis sacrificios valdrán la pena. Miedo a ser olvidado... aunque suene egoísta. Miedo a seguir pensando las cosas que pienso. Miedo a fracasar... como siempre lo he tenido. Miedo a seguir sin tener alguien de carne y hueso con quien reír o llorar. Miedo a no saber si soy realmente capaz de amar y ser amado. Miedo a salir a la calle sin tener la seguridad de volver vivo. Miedo a creer que mis pensamientos simplemente se perderán en algún lugar de mi mente y nunca nadie podrá rescatarlos. Miedo a seguir creyendo que sólo existes en el inconsciente colectivo. Miedo a morir... y que más encima me juzgues.

GRITANDO: ¡Yo no sé si estás aquí conmigo escuchándome. No sé tu nombre, ni entiendo tu naturaleza. Menos aún entiendo lo que has planeado. ¿Este es el mundo que quisiste crear? Gracias por la molestia!

Tengo miedo, ¿sabes?

JADEANDO: Quiero sentir... pensar... saber... conocer... entender... amar... querer... pelear... reír... llorar... mirar... oír... oler... palpar... gritar... callar... comer... beber... cagar... crear... sin miedo.

VOZ NORMAL: No. No pretendo quitarme la vida. ¿Para qué? En una de esas así te doy en el gusto... ¿cómo saberlo? Me gusta creer que entiendo como eres. Que te conozco. Tan bien como pretendes conocerme a mí. ¿Puedes escribir sobre mí? ¿Piensas en mí?

Tengo miedo, ¿sabes?

GRITANDO: ¡De que esto sea todo. Simplemente todo. De que no te encuentre un día en la calle y poder sacarte la mierda... sólo para hacer algo diferente!

RIENDO: Oye, Dios... ¿ha valido la pena? ¿Acaso te importa mi opinión?

Tengo miedo, ¿sabes?... de creer que sí. Que toda esta mierda vale. Y de que al final, siempre lloramos... perdemos... morimos... cagados de miedo... pero siempre, siempre después de haber vivido creyendo que lo hicimos lo mejor que pudimos.

miércoles

Sir Hugh House


Buen día, visitantes.
Esta vez quise tomarme por primera vez la libertad de escribir acerca de alguien verdaderamente famoso.
Se trata ni más ni menos que del distinguido actor británico Hugh Laurie, más conocido como el doctor
House. La inspiración para escribir este post se la debo a la lectura que hice del artículo "El Talento Detrás Del Doctor House" realizado por Marcela Escobar de la revista Sábado de El Mercurio. ¿Y por qué? Porque sencillamente admiro mucho el trabajo dramático que ha hecho este señor al interpretar tan bien a este tan poco convencional médico.
A sus 48 años, James Hugh Calum Laurie es hoy por hoy uno de los actores de la pantalla chica estadounidense mejor pagados, gracias a los cerca de 300 mil dólares que recibe por cada capítulo grabado. Si pensamos que cada temporada tiene 24 capítulos... uff!!... ¿a quién no le gustaría ser Gregory House un ratito no más?
Pero de acuerdo a este artículo que leí, el actor no lo está pasando precisamente muy bien. La explicación es, al parecer, muy simple. Este oriundo de Oxford, Inglaterra, no sólo dejó atrás su título de Antropólogo del Selwyn College de Cambridge, sino que lo que más valora en su vida: su familia. Lo que lo tiene sumido en una fuerte depresión.
Las grabaciones de
Dr. House, que ya está presentando su cuarta temporada por el canal
Fox, en Santa Barbara, California, lo tienen muy alejado de su hogar en Londres, donde su esposa Jo Green y sus tres hijos, Charlie, Bill y Rebecca sin duda deben extrañarlo mucho y tienen que conformarse con verlo cada semana por la televisión... irónico, cojo y adicto al Vicodin.
Pero de acuerdo a datos que entrega
Wikipedia sobre el actor, los problemas depresivos han sido parte de su vida desde 1996, cuando se dio cuenta que tenía un problema. Ese año participó en un derby de demolición
para caridad, y se dio cuenta que en vez de sentir miedo o emoción por conducir entre autos que explotaban, sólo sentía aburrimiento. Laurie comentó después a una revista que "esa no era la respuesta apropiada ante autos que explotan". Desde entonces se controla regularmente su depresión clínica con un psicoterapeuta. Es más, ha reconocido que una vez probó el Vicodin como parte de su preparación para el rol de Gregory House.
Pero en fin. De todas formas Hugh Laurie es reconocido como un gran comediante en Inglaterra donde ha participado en varios shows televisivos, como "A Bit of Fry and Laurie", junto a su amigo Stephen Fry, quien reconoce a Laurie como "un músico brillante que toca piano y guitarra. Tiene una voz fantástica pero nunca canta. Todo, porque no quiere parecer un presumido". O dicho de otra forma, porque no quiere
parecerse al personaje que encarna brillantemente. Tan buen músico debe ser, que integra junto a otros actores la banda Band from TV que se presenta principalmente en actos de caridad.
Pero aunque le pese y no quiera reconocerlo, Hugh Laurie ha tocado el cielo con su interpretación del doctor más irónico, irreverente y menos convencional de todos los tiempos. Algo así como una especie de venganza por haber sido catalogado siempre como un actor de segunda o tercera clase, sólo útil para comedias de televisión. Y ha sido gracias a su trabajo, tremenda autocrítica, que lo hace muy parecido a House, y su perseverancia, que lo hace ver invencible ante su depresión, que ha logrado, por ejemplo, ganar durante dos años consecutivos el Globo de Oro como Mejor Actor Dramático de una Serie de Televisión y ser nombrado Caballero del Imperio Británico por sus servicios al género drámático, el 23 de mayo del presente año por la mismísima Reina Isabel II. Desde entonces, Sir Hugh Laurie se ha convertido en uno de los personajes más famosos y reconocidos en toda Gran Bretaña y, por qué no, en el mundo.
Agreguémosle un dato más. El año 2006, según la revista Life fue considerado el artista más versátil de todos los tiempos. Esto, porque no sólo se ha destacado en su papel del Jefe de la Unidad de Diagnósticos del Hospital Princeton-Plainsboro, sino también porque, como ya se mencionó, es un talentoso músico, escritor, productor e incluso director. Entre sus trabajos literarios se encuentran "Una Noche de Perros" y "The Paper Soldier".
Con tod
o este enorme talento, Hugh Laurie, tras algunas reconocidas apariciones en la pantalla grande en películas como "Sensatez y Sentimientos" y la saga de "Stuart Little", ha dado vida al médico que cojea producto de una necrosis muscular en su pierna derecha y que según él "Todos mienten". Es un doctor capaz de humillar a los tres doctores que tiene a cargo, no cree en lo que dicen sus pacientes, es capaz de robarle los remedios a un muerto y falsificar las recetas de sus colegas para conseguir droga. Un sarcástico insoportable, sin modales ni escrúpulos ni límites, que aún así se las arregla siempre para resolver con genialidad casos médicos muy difíciles.
El personaje, según el artículo del Sábado, está inspirado en Sherlock Holmes, "con quien comparte el perfil de adicto, la prepotencia, las virtudes musicales y hasta la misma dirección postal".
Así y todo, la insolencia de House parece ser su mayor virtud y defecto, mientras que Hugh Laurie opina que "paradójicamente, si hay algo que odio es la mala educación". De todas formas, el actor parece compartir con su personaje hasta las mismas depresiones y una faceta autodestructiva que se grafica perfecto en la siguiente frase de Laurie: "Soy razonablemente bueno en un montón de cosas pero no soy grandioso en nada todavía. Soy un escritor razonablemente bueno, pero no escribo como Martin Amis. Probablemente actúo mejor que Martin Amis, pero no tan bien como Kenneth Branagh, aunque toco el piano mejor que Kenneth Branagh".
No hay duda. Como toda persona brillante, Sir Hugh Laurie tiene su lado lunático... como Gregory House.

martes

Esclavos


Buen día, visitantes.
El día de hoy fue un día de reflexiones en la universidad. Y fue extraño. Se me olvida a veces que estoy estudiando una carrera humanista. Hoy sucedió eso en la clase de Cultura y Civilización de Estados Unidos. Por un rato, fuimos más humanos que nunca.
La clase de hoy giró en torno a la Guerra Civil que ocurrió entre 1861 y 1865 en la tierra de los tornados y el béisbol, donde los estados que existían en esa época estaban divididos en dos bandos: los del norte y los del sur. Los segundos simplemente querían convertirse en una nueva nación bajo el nombre de "Estados Confederados" porque se oponían a que los estados pertenecientes a la "Unión" quisieran a abolir la esclavitud en toda la nación. Y esto se explica porque la economía de los confederados dependía principalmente del tremendo esfuerzo de los esclavos de raza negra, tratados como herramientas, que trabajaban los campos de algodón, tabaco y arroz, mientras los terratenientes y aristócratas eran quienes disfrutaban de las ganancias. Todo esto mientras que sus vecinos de los estados del norte consideraban muy injusto el trato hacia estos seres humanos, que por el sólo hecho de ser de diferente etnia eran vejados y explotados. Y si a esto le sumamos la premisa que posee la constitución de los Estados Unidos que plantea que "todos los hombres nacemos iguales", entonces todo indicaba que no había otra solución más que el uso de fuerzas militares.
Cuento corto, Abraham Lincoln, candidato de los estados del norte resultó electo presidente y los del sur comenzaron a ponerse nerviosos, porque sabían claramente lo que se les venía. Tras la postura, ahora gubernamental de abolir la esclavitud, los del sur también radicalizaron su postura y así, un 12 de abril de 1861, las armas confederadas abrieron fuego en el Fuerte Sumter dando inicio a la guerra más sangrienta y violenta realizada en suelo estadounidense en la historia.
Esta guerra hizo famosos al General Lee y al General Grant, del sur y del norte respectivamente, siendo el segundo el que atrapó al primero obligándole a rendir su ejército sin más violencia para la nación norteamericana. El asunto este ocurrió en Appomattox un 9 de abril de 1865, a casi cuatro años exactos de comenzada la guerra.
El mismo año, y una vez reunificado el país como una sola nación, el Congreso ratificó la 13ª Enmienda a su Constitución que abolía definitivamente cualquier forma de esclavitud en suelo norteamericano. Un punto para Lincoln en la historia del mundo. El problema es que cuatro días después del término de la guerra que abolió la esclavitud, Lincoln sufrió el atentado que le costó la vida. ¿Humor negro?
Como sea toda esta información nos sirvió como grupo de estudiantes para, entre otras cosas, discutir sobre qué asuntos nosotros nos mostramos prejuiciosos o de plano racistas. Hubo muchas respuestas simpáticas. Algunas bastante fuertes y sorprendentes. Pero la conclusión fue la misma: nada se compara a lo que significó traficar personas con el simple fin de volverse más ricos a costa de su trabajo.
Y ustedes, ¿qué harían si sus vidas tuvieran precio?, ¿cuántas veces al día tenemos sentimientos racistas o somos en extremo prejuiciosos?, ¿somos realmente mejores por ser de otro color?,
¿en qué ha mutado la esclavitud en estos tiempos?, ¿en trabajos de más de 12 horas?
... por fin pude redactar algo nuevo en mi blog... espero que no pase mucho tiempo antes de pensar en otro.

Un viaje en Metro

(Hoy que andar en Metro es toda una experiencia religiosa y más emocionante que el Splash de Fantasilandia, republico esta historia diferente... que ocurrió en el Metro)

Hoy viajé en el tren subterráneo metropolitano, o Metro.
Hace dieciséis años comencé a utilizar este masivo medio de transporte. Y desde entonces lo que más admiro de él es la tremenda biodiversidad de seres humanos que uno puede llegar a conocer en uno de esos trenes celestes.
Al recordar esto, se vienen a mi mente imágenes de personas de todos colores, formas y texturas. Bebés, niños, adolescentes, adultos (de los jóvenes y de los otros) y ancianos se dan cita diariamente y a cualquier hora en estas cuncunas mecánicas.
La mayoría del tiempo he viajado solo en Metro. “Solo” queriendo decir sin nadie conocido. Porque andar solo en Metro es casi imposible. A menos que sea domingo en la tarde, y de preferencia verano.
Fue en un domingo como ese, hace unos años atrás, que me ocurrió algo en el Metro.
Me había comprometido a acompañar a un primo a comprarse ropa. A un mall, el único lugar con variedad de servicios una tarde de domingo veraniego. Pero nunca llegué.
Por esos años yo vivía en un sector de la comuna de Santiago. Y paradójicamente, a escasos pasos de una estación de Metro. Era por esta razón que tanto yo como mi familia utilizábamos este medio para movilizarnos por la ciudad.
El lugar adonde debía llegar estaba a sólo tres estaciones de distancia. Incluso atrasándome jamás tardaría más de veinte minutos. Pero nunca llegué.
Caminé por las desocupadas calles que separaban mi casa de la estación. Recuerdo perfectamente que era una tarde muy calurosa. Caminaba con la seguridad propia de alguien que sale de su hogar y confía inconscientemente en que volverá tal cual como salió. Yo salí a encontrarme con un primo, pero terminé encontrándome con una lección de vida.
Llegué a la estación. Compré mi boleto blanco con el logo “Metro” en él y una huincha electromagnética justo en el medio. Por primera vez el cajero de turno me deseaba un buen viaje. Lo encontré un gesto de cortesía. Luego lo recordaría como el gesto más irónico que me han dado en la vida.
Deposité el boleto en la ranura del torniquete. Acto seguido, éste me dejó pasar. Miré el reloj electrónico junto a la ranura y pensé que llegaría unos minutos antes a la cita con mi primo. Pero nunca llegué.
Bajé la escalera hacia el andén por donde pasaría en cualquier momento el tren con dirección norte. Era la única alma que esperaba que ocurriese algo en ese andén. Y cuando anhelaba ver a alguien en el andén de enfrente, me sentí aún más solo. A lo lejos escuché el inconfundible sonido del tren. Pocos segundos después se detenía para ofrecer su servicio. Se abrieron las puertas y pude confirmar la teoría del “Metro desocupado un domingo de verano por la tarde”.
Además del chofer, parecía ser el único ser humano que ocupaba algún lugar en ese monstruo mecánico. Las puertas se cerraron tras el tradicional timbre de advertencia. Comenzó a andar. Y no sé si sólo seré yo o todos quienes hemos andado alguna vez en Metro, pero llega un determinado momento en el viaje durante el cual no sabemos qué o hacia dónde mirar. Por mi parte yo miraba como siempre la publicidad que se encuentra en la parte superior de los carros. Universidades, productos comestibles, entre otros trataban de llamar la atención de los pasajeros, pero un domingo por la tarde y en pleno verano, no lograban su objetivo… a excepción, claro, de mí.
El tren se detuvo en la siguiente estación. Estaba a sólo dos estaciones de mi destino. Pero nunca llegué. Y fue por el hecho de haberse detenido en esa estación que este supuesto viaje de domingo veraniego por la tarde en Metro, jamás llegaría a su destino inicial.
La estación en cuestión era una de esas estaciones del Metro denominadas “de combinación” y que siempre son anunciadas por el chofer a través de los altoparlantes, para que así la gente que quizás viaja por primera vez o gente incapacitada o simplemente la gente que se burla de esa vocecita esté al tanto.
Fue aquí donde subió una mujer de unos treinta años aproximadamente junto a un niño de no más de diez. Ella vestía un vestido floreado de una pieza confeccionado con tela ligera, atuendo típico en la época estival. Era una mujer de rasgos tristes o de mucho trabajo. Uno acostumbra ver ese tipo de rasgos en cualquier individuo un viernes por la tarde cuando la jornada semanal de trabajo ya ha concluido, pero distinguirlos en una mujer un día domingo veraniego por la tarde y en el Metro, es algo muy curioso por decir lo menos. El niño, al contrario, era uno de esos niños mega-ultra-hiperactivos.
Sólo dos estaciones me separaban de mi destino. Pero todo transcurrió tan rápido que ya no me preocupé del destino.
La mujer, a quien luego identifiqué como la madre del niño, de pronto comenzó a sudar demasiado rápido, mientras el niño miraba fascinado por la ventanilla al exterior. Sólo unos treinta segundos después, la mujer yacía en el suelo totalmente inconsciente junto a los asientos color naranja del carro.
Lo único que recuerdo claramente fue el grito del niño: “¡Mamá!”
Fue un grito tan claro, tan fuerte, tan limpio y tan lleno de pánico que volteé en seguida. El pánico de aquel grito fue transmitido en forma inmediata a todo mi cuerpo. Lleno de pánico, atiné a correr junto al niño y junto a un cuerpo inerte de una mujer, que hace sólo un minuto se había subido con él, sólo con un gesto de agotamiento en su rostro.
Ahí me quedé en silencio. Pálido quizás. Lo único que hice fue acercar al niño a mis piernas para que siguiera llorando en ellas...
Las puertas se abrieron en la siguiente estación. No reaccioné. El llanto del niño sólo fue opacado por el timbre del cierre de puertas del carro. Seguimos andando a la siguiente y última estación. Éramos un niño desconsolado y muy asustado, el cuerpo de su madre muerta sorpresiva e inesperadamente y yo, un tipo que sólo había salido una tarde de domingo en verano a juntarse con un primo a comprar ropa.
Durante el último trayecto, pensé en muchas cosas. Principalmente en la muerte, claro está. Pero también pensé en la vida. En la vida de un niño que en menos de treinta segundos, se había quedado solo.
Se abrieron las puertas en la última estación tras escuchar el anuncio del chofer que indicaba que todos debían descender. Junto al niño, ignoramos todo eso.
El cuerpo muerto de una mujer fue hallado junto a un niño y un joven que lloraban en un
carro del Metro.
La muerte de la mujer fue atribuida a un infarto fulminante, herencia genética de su padre.
El niño hallado junto a la mujer, fue trasladado a un hogar de menores mantenido por el Estado. No se encontró a ningún familiar conocido.
El joven que lloraba pensando en la vida y la muerte, nunca llegó a reunirse con su primo para comprar ropa aquella tarde de domingo en verano.
Desde entonces, gracias a un fatídico viaje en Metro y el llanto desconsolado de un huérfano, comencé a ver la vida con otros ojos.
Cuando llegué a casa, tras todo lo que tuve que declarar a la policía y tras todo lo ocurrido, abracé muy fuerte a mi madre y le dije lo mucho que la quería.

jueves

La historia de Ariel


Lugar: un dormitorio de 3x4 mts.

Para entender esta historia, primero debo contarles acerca de Ariel.
Ariel es un chico de esos que podrían ser denominados como normales. Con sus 16 años es un chico lleno de vida y trata de vivirla lo mejor que puede en el día a día. Es un chico sano sin más vicios que hacer deportes y conocer chicas. Tiene una hermosa familia que siempre lo ha apoyado en todo. Y si a eso le sumamos que Ariel tiene muchos amigos que lo estiman y respetan mucho, entonces podríamos decir con justa razón que la vida de Ariel cae dentro del rango de lo normal.

Tiempo: algún momento entre las 12 de la noche y las 6 de la madrugada.

Eso sí, debo aclarar algo. Todo lo que he escrito referente a Ariel contiene un error. Un error cometido a propósito y que es de índole gramatical. Ariel no
es un chico normal, sino que era un chico normal.
Un día, lamentablemente para Ariel, las cosas en su vida dieron un giro drástico. Algo no salió como él esperaba. Algo que ni él ni sus padres ni sus amigos podrían haber evitado. Ariel pasó por algo que quizás a muchos de nosotros nos ha ocurrido. La vida o el destino o quizás Dios le jugaron una mala pasada a Ariel. La verdad es que no recuerdo bien el hecho puntual que cambió para siempre la vida de Ariel y la de todos los que lo conocían. ¿Mencioné que era sano? Pues lo era. Nunca había probado una ínfima gota de alcohol, por ejemplo. Pero después de eso, Ariel se nos descarriló. Y en su desesperación, un día encerrado en su dormitorio de 3x4 mts. en algún momento de la madrugada entre las 12 y las 6, Ariel tomó una decisión muy fuerte.

Tema: a veces la vida nos demuestra que hay cosas que simplemente no podemos controlar. Cosas injustas, horribles, miserables e ilógicas, pero que ocurren.

Ariel fue hallado muerto a eso de las 7 de la mañana por su padre, quien iba saliendo a un día más de trabajo. El dolor familiar fue tremendo. Único hijo y un joven con todo un futuro por delante había tomado una decisión muy fuerte. Tonta, extrema, inútil, pero muy fuerte. Su cuerpo yacía junto a un charco de un líquido que expedía un olor muy fuerte a los pies de su cama en su dormitorio. Luego, los exámenes de rigor indicaron que Ariel se había bebido la mitad del contenido original de esa botella y que eso había bastado para provocarle una intoxicación y envenanamiento de la sangre. No era alcohol, por si acaso, no se asusten. El líquido era cloro común.

Pregunta: ¿Qué mierda puede ocurrir en nuestras vidas que nos obliguen a cambiar tan drásticamente y a decidir algo tan fulminante como lo que le pasó a Ariel? ¿Qué cosas nos hacen perder la puta esperanza?

Chatear, chatear, que el mundo se va a...?


Buenas. Yo estoy cada vez más seguro que no debe existir en la actual vida moderna de nosotros, los seres humanos modernos, una actividad más peligrosa que la de chatear. Por lo demás no hemos sido ni capaces de latinizar el concepto, hacerlo nuestro. No po. Es más fácil utilizar la misma palabrita "chat" y verbalizarlo al español. Un nuevo ejemplo claro de la ley del mínimo esfuerzo o LME.
Pero bueno. "¿Por qué peligroso?", pensarán ustedes. Sencillo. Si uno tiene alrededor de 200 contactos, de los cuales sólo podemos recordar con cierta facilidad unos 50, y peor aún de esos 50 sólo 5 responden a nuestros cada vez más tímidos "hola", "ola", "ke ai", "what's up" o lo que sea, eso, señoras y señores, es un peligro para nuestra mente. Sip. Es imposible que los otros 195 contactos sólo estén ahí para hacernos sentir poderosos porque tenemos 200 contactos. Imaginen el mismo fenómeno pero con aquellos que tienen sobre 400 contactos... debería ser multado en UTM o en PLR.

Pero para no ser tan poco objetivo, analicémoslo desde el otro punto de vista. ¿Qué pasa con aquellos que teniendo sobre 300 contactos, pueden chatear con 50 al mismo tiempo? Yo los admiro. O sea, yo con mucha suerte o cuea, puedo establecer una sesion múltiple de chateo, imagínenme chateando en ventanas separadas con unas 8 personas que te preguntan las cosas más incréibles en cuestión de segundos y sin ninguna motivación evidente más que la de huevearlo a uno. Y ahí estamos todos, tratando de adivinar quién es el que me preguntó qué cosa, como más encima todas las ventanitas se ponen naranjas para avisar, nos la hace más fácil.


pedro, dice: oye, tu sabes cómo murió san josé?

cafedito (yo), dice: ehmmm... no sé...

pedro, dice: aps

(medio segundo después)

karen silvia, dice: supiste que la coté se está comiendo al vecino pajarón de la chica lucy?

cafedito, dice: ehmmm... quien es la coté?

karen silvia, dice: esa mina po, la que estaba el otro día en el carrete del pelusa.

cafedito, dice: aps... yo no fui a ese carrete po...
(quince segundos antes)

la mejor forma de decir "te amo" es diciéndotelo de frente y cuando no tengas los audífonos del pendrive puestos, dice: hola Carlos!

cafedito, dice: ehmmm... hola pelusa

la mejor forma de decir "te amo" es diciéndotelo de frente y cuando no tengas los audífonos del pendrive puestos, dice: jajaja, no po... yo no soy el pelusa, soy el vecino pajarón de la chica lucy

cafedito, dice: aps... disculpa es que... y quien te dio mi correo?


Mientras tanto, cinco personas saludan, preguntan, se despiden, creyendo que uno no tiene nada más importante que hacer. Lo peor es quedarse con ese remordimiento de no haber pescado a ese alguien que a lo mejor necesitaba de verdad saber cuándo había muerto San José. Quizás debí haberle dicho que buscara en el calendario el día que dice abajito del número "San José" porque debe corresponder al día de su fallecimiento, ¿o no?

Pero en fin. Al menos a mí me ha hecho mal. Me deja marcando ocupado la versatilidad de algunos para poder chatear tan fervientemente. Simplemente yo no puedo.

Chaíto no más.

domingo

Monólogo de un epílogo anunciado

Hola. ¿Cómo estás? Yo bien, gracias. ¿Puedo pasar?
Vine porque quiero decirte algo. Desde hace tiempo. Ya no recuerdo por qué no lo hice antes. Pero me he armado de valor. Sólo escúchame.
Has cambiado. Yo también. Hemos crecido parece. Pero tengo miedo. No me gusta verte como estás. Me da pena. Me da rabia. Me hace sentir culpable. Me duele.
Por favor no digas nada. No he terminado aún. ¿Ves? Ya ni siquiera quieres escuchar. No me gusta lo que están haciendo contigo. Y me odio a mí mismo por no hacer nada.
Estás cansado. Yo también. Es embriagador recordar los viejos tiempos. Pero ya no son. Todo es nuevo. Ambos debemos entender eso.
Sólo me resta decir que te cuides. No seas tan confiado. Caras vemos... jaja.
Gracias por todo. Te debo mucho. Y quizás tú también a mí. Pero debo irme. ¿Para siempre? No lo sé. ¿Qué crees tú? ¡No! Por favor no llores...
Como sea, cada vez que te recuerde, ojalá que estés bien. No me cansaré de hacer público cuánto te quiero. Pero de verdad cuídate. Nunca podré olvidarte.
Dame un abrazo. Tú me enseñaste a dar tremendos abrazos.
Adiós. Y gracias.
Me voy. Pero antes, quiero dedicarte el siguiente relato:

viernes

Una reflexión sesuda






Si comer caca es malo, ¿por qué aguantamos tanta mierda en este país?

sábado

Introducción De Agradecimiento Por Mi Primera Serie De Relatos


Ha sido una semana de esas que sé que costará sacármela de la cabeza por un buen rato. Diversos temas habitaron mi cabeza y robaron más tiempo del estrictamente necesario. De hecho, esos temas también fueron muchos más que los de costumbre. Es como si estuviera en un nuevo final de semestre. Pero en fin, mal que mal, fue solamente una semana más. Una semana más en la vida de cafedito.
A propósito de semanas, me gusta creer que ustedes y yo entendemos que entre lunes y domingo hay siete días, o algo así como 168 horas para realizar lo que denominamos rutina, incluyendo el maravilloso acto de dormir. Los pocos de ustedes que me conocen saben de sobra que mi rutina es bastante simple o demasiado compleja según la botella de pisco o la garrafa de pipeño con la que se quiera mirar. Pero para aquellos que no me conocen o que creen conocerme, pero sobre todo para los que estén leyendo este relato, he aquí, más menos, el octogénico, pero retruécano y perifrástico resumen de una rutina semanal más menos normal de mi vida.
Pero antes de continuar con lo que nos convoca, quisiera agradecer a todos aquellos que con su mera, pero importantísima existencia, han podido inspirar esta primera serie de relatos escritos por cafedito. A todas ellas, todos ellos y a los demás, muchísimas, pero muchísimas ganas de que les vaya mejor en sus vidas… y gracias. En orden de aparición:
Al Big Bang y a la persona que apretó el botón para que hiciera bang y para que fuese big.
A Dios, por todo lo que dice Moisés que hizo en los dos primeros capítulos del Génesis. De verdad gracias.
Por rebote, al fruto prohibido. Porque sin él, Adán y Eva no hubiesen sabido lo que es bueno y no lo hubiesen podido traspasar a las siguientes generaciones y, por ende, ni ustedes ni yo estaríamos aquí… ¿cómo les quedó el ojo?
A Set, hijo de Adán; a Enós, hijo de Set; a Quenán, hijo de Enós; a Mahalalel, hijo de Quenán; a Yéred, hijo de Mahalalel; a Henoc, hijo de Yéred; y a Matusalén, hijo de Henoc, que vivió 969 años, porque sin él, nadie podría decir “es más viejo que Matusalén”.
A Caín y Abel porque sin su ejemplo ni los periódicos ni los noticieros tendrían espacio para referirse a asesinatos; y a Noé, porque gracias a que salvó a los animalitos en su arca, podemos visitar el Buin Zoo y el Lindorfo puede animar “La Ley de la Selva”.
A Jesús de Nazareth, Lutero, Calvino, Enrique VIII y la misma Biblia que usan todos los que fueron divididos por ellos; a la Torá, los judíos y el Rosh Ha-shaná; a Mahoma, el Corán, los musulmanes y talibanes; a Buda, el Tripitaka y las Cuatro Nobles Verdades; a Siva, los hindúes y los Veda; a Confucio, el Daodejing, los taoístas, y Lao-Tsé; al mismísimo Olimpo y el Panteón Romano; a los Elder Mormones, a Joseph Smith y su Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; al Vudú, a los chamanes, el Popol Vuh, Kai Kai, Ten Ten, Kaiosama, los Hare Krishna y a mis amigos que leen el Tarot en la Plaza de Armas; porque todos ellos tienen una verdad que contar… pero ninguna me ha convencido todavía.
A los cavernícolas que descubrieron cómo encender el fuego y a sus hijos que inventaron la rueda y la escritura… en verdad gracias.
A los mesopotámicos, los egipcios, los persas, los griegos, los romanos, los celtas, los godos, los francos, los vikingos, los anglos, los sajones, los visigodos y los philips.
Al Renacimiento, la Ilustración, la Revolución Francesa, la Revolución de América, la Revolución Industrial, la Revolución Rusa, la Revolución Cubana, la Revolución Bolivariana y la Revolución Pingüina, porque cada una de ellas me han enseñado que siempre habrá algo por lo cual luchar incesantemente… aunque no siempre esté muy claro qué es.
A Marx, Engels y Hegel, por ser tan comuneros; a Adam Smith, el laissez-faire y el libre albedrío; a los USA y la CCCP, su Guerra Fría y el Calentamiento Global… cariños a Al Gore a propósito; porque sin sus enseñanzas ideológicas, el mundo sería más fome que la conches…
Al Bush de su madre que vive en una casa blanca; al Putin que controla a la Rusia; al Tony que participaba en el circo internacional de Inglaterra; al Chávez del 8, que vive dentro de un barril petrolero; a Evo y el mar; a Lula, el abuelito de la Luli; y a Fidel, porque todos ellos hacen del mundo un mejor lugar para vivir… ja, ja, ja y ja.
A Bill Gates, porque o si no, no podría publicar esto, y ustedes no lo podrían leer.
A los hermanos Lumière, porque inventaron el cine. Y a mí me encanta ver películas. De hecho vendo DVDs a…
¿No querían que volviera a escribir? ¡Aguántensen!
A Chilectra, porque creó la luz… ¿o no?...
A los españoles, porque hicieron lo posible por civilizar América; porque descubrieron Chile y fundaron Santiago donde vivo; porque son dueños del Santander, del BBVA, de Provida, de Aguas Andinas, de Chilectra, de la Unión Española… o sea, de la mitad de Chile más o menos; porque dicen “coño”, “joder”, “ostia”, “ETA”, etc; porque nos han dado a Goya, Cervantes, García Lorca, Almodóvar, la Penélope Cruz, Antonio Banderas, Camilo Sesto, Mecano, Rafael, Mocedades, Sergio y Estíbaliz, Dyango, Julio Iglesias y el hueón de su hijo, los Reyes Católicos, Franco, La Oreja de Van Gogh, Bisbal y un Picasso; porque tienen el torneo de fútbol más competitivo y caro del mundo; porque sin ellos no le hubiesen puesto Avenida España a la Avenida España y por ende, el Rapa Nui no estaría en Avenida España; porque recibieron a la tía Herminia cuando se fue a estudiar para esos parajes y ahora cree entretenernos a todos con su clase de Lingüística en las diferentes Ues donde da cátedra; pero principalmente porque les debo el hermoso idioma que hablo y utilizo para expresarme.
Al General Carrera y al Comandante O’Higgins; a Lastarria y a Carmela Carvajal; a Prat, la Esmeralda y el Huáscar; a Montt, Ibáñez del Campo, Balmaceda, los Larraín, los Alessandri y los Frei; a Salvador y a Augusto; a Aylwin, la Michelle y Lagos, el socialista más neoliberal de mi país; a los senadores díscolos y Tolerancia Cero; y a todos los pueblos originarios que habitaron este país antes que todos nosotros: los aymaras, quechuas, diaguitas, mapuches, alacalufes, onas, los antepasados de Super Taldo y los Cara de Pelota.
¿A quién más?
Al Santa Teresita, donde hice Kinder; al Karmar School, donde cursé 1º y 2º básico; al Liceo Lastarria, donde terminé mis enseñanzas básica y media, y donde conocí a mi ya architrillado Grupo de Teatro; al Pedagógico, donde alcancé a llegar, por culpa del capricho de un pobre saco de huevas (disculpen mi ruso mandarín), hasta tercer año de pedagogía en inglés; de nuevo al Lastarria porque me abrió las puertas para poder desempeñarme por primera vez como profesor de inglés durante todo un semestre y por las clases de reforzamiento que hago los sábados para mis cabros de 7º, 8º y 1º medio; a todas las clases particulares que he realizado desde el 2004, comenzando con el Kristopher, y luego con Juan Pablo, Jorge, Pía, Pedro, el papá de un alumno del Lastarria, Nicole, Natalia y Matías; y por supuesto a mi actual casa de estudios donde me han acogido muy bien y me siento bastante cómodo, la UNAP, sede Manuel Rodríguez, donde me he reencontrado con mi faceta de estudiante, con mi vocación y donde además me han acogido excelentemente, sobre todos mis nuevos compañeros, sobre quienes me referiré en extenso durante algunos de los días de la semana que prosiguen a esta introducción, ya que lógicamente comparto mi presente con ellos. Pero ya que menciono compañeros, quisiera extender este agradecimiento también a todas aquellas y aquellos que alguna vez fueron mis compañeros de escuela, de liceo, de teatro, del Peda y de trabajo.
A Kanon, el primer lugar donde trabajé y que era una fábrica de productos para el baño, como pisapies, cortinas y adornos en general… lástima que sólo duré dos días; a Gepys, otrora CCS, que me ha dado un empleo part-time de cajero desde el 2003 a la fecha, y por supuesto a las gestoras de que me hayan llamado y lo sigan haciendo, la Bertita y la Carlita respectivamente, y a todo el personal Gepys de la sucursal Quilicura de Caja Los Andes… aunque a los nuevos ni los conozco.
A los profesores que alimentaron mi vocación pedagógica: María Cristina Matus, don Mario Tobar, Magdalena Díaz, Juan Paluz, Arquímedes Oyarzún, Adelina Aravena, Sonia Sagredo, Blanca Zepeda de Cuevas… en serio; más recientemente, el profe Peña de la UMCE, y los profes Enrique Díaz, Yasna Cayún y Carlos Mendoza de la UNAP; pero esencialmente a estos dos: a Sergio Vargas, ya que gracias a su tremenda vocación y compromiso con la pedagogía me convencí de que tenía que ser profesor, y a Rosita Carrasco o la Miss, porque por culpa de su tremendo espíritu y metodología elegí la especialidad de Inglés.
A los cuatro enamoramientos que he tenido en mi vida, que aunque fueron efímeros en algunos casos, en otros ni siquiera han llegado a concretarse: Natalia, a quien conocí en los parajes de Lican Ray; Pía, a quien conocí por hacerle clases particulares; Daniela, a quien conocí gracias al Grupo de Teatro; y Johanna, que lamentablemente no me cree, pero que al menos se ve feliz con un buen hombre a su lado… jeje… a todas ellas, simplemente gracias por existir.
¿Falta alguien? ¿Mencioné al Grupo de Teatro del Liceo Lastarria? A ver… mmm… sí, acabo de hacerlo. Estaríamos listos con ese tópico. ¿Quién más?
Por supuesto. Los más importantes. Los esenciales. A los que les debo todo. A los únicos que realmente echaré de menos cuando no estén. Mi familia. Mi madre, mi padre y mi hermano. Los amo mucho, aunque no se los diga muy seguido.

Y si alguien sintió que lo dejé de lado sin mencionarlo en ninguna categoría, simplemente haga el reclamo correspondiente a la Superintendencia de Reclamos por No Mencionar a Personas que se Creen Importantes en la Vida de los Demás o al Menos en la Mía o la SUDEREPONOMEAPEQUESECRIMENLAVIDELODEOALMENLAMIA, su abreviación, o aún más sencillo pregúntense qué fue lo que no hicieron…
Al resto, simplemente trate de soportar y apreciar mi última locura bloggera, porque en una de esas pasará mucho tiempo antes que vuelva a publicar algo más.
Los dejo con la que quizás sea la semana más extraña que van a conocer de otra persona y los invito a ser por única vez, testigos privilegiados de mi vida. Porque créanme, esta es la verdadera semana que vivo yo, cafedito siendo Carlos Díaz. Ojala les guste.

(no se pierda el lanzamiento de esta serie de relatos… pronto… en este humilde blog)
    Puede ser que quede
    un solo instante o una eternidad
    no sabes lo que tienes por andar
    el tiempo lo dirá.
    Puede ser que todo lo que sueñes
    se haga realidad
    que un segundo en el camino pueda más
    que una vida entera en la oscuridad
    Ven, déjate llevar por el corazón
    no te rindas nunca y ya verás.
    Lejos llegarás, si te falta fuerza en el camino
    sabes bien que contarás conmigo.
    Dime lo que quieres, dime lo que piensas,
    dime lo que sientes cuando lo sientas.
    Dime lo que sientas y no te arrepientas.
    Dime que tú puedes, dime que tú sueñas, no te desesperes cuando te pierdas.
    Dime que lo intentas y no te arrepentirás
    Cada vez que pierdas la partida
    juega una vez más.
    Recuerda que la herida sanará,
    atrévete y verás.
    Cada vez que sientas que la vida
    te ha dejado atrás
    no olvides que aún hay tiempo
    para despertar
    un nuevo sentimiento
    grande como el mar.
    Ven, déjate llevar por el corazón
    no te rindas nunca y ya verás.
    Lejos llegarás, si te falta fuerza en el camino
    sabes bien que contarás conmigo.
    Dime lo que quieres, dime lo que piensas,
    dime lo que sientes cuando lo sientas.
    Dime lo que sientas y no te arrepientas.
    Dime que tú puedes, dime que tú sueñas, no te desesperes cuando te pierdas.
    Dime que lo intentas y no te arrepentirás
    Cada golpe del destino
    cada amigo que se va
    deja huellas que ni el tiempo borrará.
    Cada paso en el camino
    nos acerca un poco más
    a ese sueño que algún dí­a llegará.
    Ven, déjate llevar por el corazón
    no te rindas nunca y ya verás.
    Lejos llegarás, si te falta fuerza en el camino
    sabes bien que contarás conmigo.
    Dime lo que quieres, dime lo que piensas,
    dime lo que sientes cuando lo sientas.
    Dime lo que sientas y no te arrepientas.
    Dime que tú puedes, dime que tú sueñas, no te desesperes cuando te pierdas.
    Dime que lo intentas y no te arrepentirás